jueves 22 de enero de 2009
lunes 19 de noviembre de 2007
Inventario
hemos de mantener, en el inventario
ciertas emociones vivas
pues si las emociones matan
deben también curar...
Estos días me he dedicado a redescubrir mi niñez, me he dado a la tarea de la memoria, de las cosas que uno casi inconscientemente va guardando, aleatoriamente. Documentos de la vida, inspiradores e incomprensibles, fragmentos de nuestras anteriores cosmovisiones y estructuras mentales. Aquellos de los que Cortazar habló, instantes, atrapados en el vacío interior, y que con imaginacion damos vida y color, uniendo cada uno de esos fragmentos, como un laberinto que lentamente encuentra su salida, construyendo desde lo pasado su futuro.
Quien no recuerda no es capaz de amar, quien no recuerda no puede tomar la conciencia de un antes y un despues, solemos olvidarlo en la era del pragmatismo, de la posracionalización, donde la retroalimentación del ayer se pierde, y genera un presente ciego, que tropieza sin rumbo determinado.
Los espacios cambian, el habitar físico toma nuevas formas, la incorporación de los silencios, del vacío, del mundo virtual que nosotros creamos. Ignorar por un segundo la existencia y ser algo abstracto en este tiempo, ser ideas sin barreras físicas, que cuando vuelan muy lejos pierden sus raíces y divagan por la vida al azar. Del azar resulta el equilibrio, el ayer es un contrapeso del mañana y de estas fuerzas moldeamos el presente, como un mosaico de todas nuestras posibilidades entre el ser y la nada.
miércoles 24 de octubre de 2007
10:00 a.m.
Siempre me ha llamado la atención la dualidad Noche/Día que maneja el ser humano, en mí suele ser bien fuerte. Creo que somos seres completamente distintos, dependiendo de las posiciones de la luz y del tamaño de la luna. Debe existir entonces un punto del día, que alcance nuestra máxima concentración de energía, donde como ser humano podemos alcanzar nuestro mayor potencial.
Hoy tuve una leve sospecha que mi hora cósmica designada por el universo (para que suene exótico) es 10.00 am.
Un día soleado, con un cielo despejado suele despertar mucha alegría en mi espíritu. A esa ecuación se suma la sombra que los árboles proyectan sobre la acera y el clima único que produce este país (una especie de brisa templada-soleada que crea en mi cabeza una noción de perfección climática).
Recorrer las calles, con pausa, sin prisa, pensar en momentos gratos que he vivido en esta precisa esquina que recorro por segunda vez, imaginar que conozco a esa persona que me sonríe mientras pasa a mi lado, y sentarme en un café por un rato a leer un poema, continuar caminando, sin rumbo fijo, dejar que las ocupaciones pendientes sean olvidadas por momentos y sentir alegría, simple e infantil.
No se si tiene sentido, pero toda esta reflexión desordenada perduró por los breves minutos de mi caminata a lo largo de una calle que quisiera recorrer por años y meses, compartirla con la gente que quiero, ir haciendo escala en los lugares que me gustan y que el tiempo permanezca fijo, el sol también, que la sombra de los árboles se refleje constantemente en el mismo ángulo y mi mente pueda pensar que es tan linda la mañana, que es tan rico sentir esta brisa en mi piel, cuando salgo a caminar sin rumbo, siempre que haya sol y sean las 10 de la mañana.
miércoles 17 de octubre de 2007
Reencuentros
"Siempre me han gustado los aeropuertos, ver a la gente en constante movimiento, puntos de transición entre redes aéreas, que conectan invariablemente la humanidad de diversos paralelos y latitudes."
Ese día tomó un taxi, al centro. Ella no sabía que él había regresado.
Se dirigió a un bar cercano y ordenó un café con leche, un periódico para pasar el tiempo. Luego de darle tres vueltas al crucigrama y formar algunos dibujos en el borde externo, observó fijamente a través de la ventana. Al otro lado de la calle, la acera brillaba bajo el duro sol de mediodía, la avenida desierta, abandonada, solo vuelta a vida con el ocasional paso de un carro.
"el suelo tiene sed", pensó.
Observó detenidamente el cielo, "probablemente llueva más tarde".
Entre los carros y el duro sol de mediodia se respiraba un insportable calor de cemento. Ella cambió de estación por tercera vez.
-la situación de criminalidad continúa al alza, según el reciente resultado de los indicadores publicados...-
la manecilla del radio cedió nuevamente, en vano.
Apagó la radio; intentaba distraerse, pero la idea no paraba de dar vueltas en su cabeza. Justo en esos días presintió que algo fuerte sucedería. No tenía noción clara de un que, mucho menos un como, pero se mantuvo alerta.
De vuelta en esta ciudad, se sentía como un extraño, todo había cambiado, tantos años ya. Solía ir al parque, cuando era joven todavía. Por aquella época, pasaba el tiempo imaginando sueños sin vida, divagaba por las tardes y las manecillas del reloj carecían de sentido, el tiempo era difuso.
Constantemente pensaba en dejar todo e irse a viajar por el mundo, recorrer lugares insólitos y saciar su hambre de conocimiento, que se veía limitada ese país de hambruna creativa.
Su mente se perdía con facilidad entre los colores del cielo veraniego, despejado, colmado de tonos azules cristalinos. En los días grises se hundía en el sillón, ante la impotencia de no poder escapar del tormentoso cotidiano.
Las cosas tenían poca importancia, así pasaban sus días, intentando en vano plasmar ideas en un papel en blanco, rindiendose ante el sueño borroso que era esa realidad.
Llegó tarde al almuerzo con su amiga, cita que convino en realizar para olvidarse del vago asunto que la atormentaba. Luego de hora y media de una insignificante conversación, más parecida a monólogo, se resignó a seguir dando vueltas a su preocupación.
"Recuerdo el día en que nos conocimos. Hablamos sobre la verdadera dimension del universo, mencioné de paso algunos teoremas de la cuarta dimensión (claramente intentando impresionarla). Discutimos sobre literatura latinamericana, yo concordaba con Borges y su idea del otro yo, reflejado en el mundo de las ideas. Ella se fascinaba con la poesía, y me leyó algunos de sus poemas; fue como encontrar algo que hace tiempo había olvidado que buscaba."
"Esa tarde en el parque pude observar el cielo en su mirada, mientras yacía inerte, acostada en la grama (que es como universo). Anhelaba encontrar palabras, pero siempre supe que estaban demás."
Absurdamente, estaba ahí nuevamente, intentando revivir ese momento con una llamada; aferradose al recuerdo de un instante atemporal, borroso por su prisa y sus elementos color sueño.
-¿va a querer otro café?-
-...eh... no, gracias.- replicó.
Miró su reloj, era la una.
Salió del lugar, un puño de nubes empezaba lentamente a poblar el cielo, creando sombra al sol; se preveía una tarde lluviosa.
Recorrió lentamente la calle, dobló por la izquierda, luego tomó un camino estrecho a su derecha, nunca supo exactamente hacia donde se dirigía, ni porque intentaba evitar lo inevitable. Eran notables las calles prácticamente desiertas, parece que a esa hora todos se refugiaban en sus casas, previendo lo que podía pasar.
Las cosas han cambiado, pensó.
Sacó de su bolsillo un pequeño papel. En el centro, trazado con lineas nerviosas, su nombre en azul, Adriana, 557-34897-23, tantos recuerdos que venían a su mente.
Una gota cayó repentinamente sobre el papel, la lluvia comenzaba, tomó refugio debajo de una parada de bus, sentado, solo. Pensó en el pasado, ansiandolo nostalgicamente por un momento. Rememoró su niñez, los pocos recuerdos que tenía de su distante tierra llamada patria. Recordó sus sueños de jóven (a veces le repugnaba haber cambiado tanto), suspiró.
-Adriana. ¿Me estás escuchando?-
-...-
El sonido de la lluvia la hizo volver de golpe a la realidad, replicó instintivamente a su amiga que debía marcharse, que tenía algo urgente entre manos. Acababa de recordar algo que por años había tratado de olvidar. Sabía que él regresaría, que era en vano ignorar su existencia, intentar desaparecer.
Los sentimientos encontrados de tristeza y alegría que conlleva la lluvia cuando cae, le dijeron que ese era el momento. Movido por la emoción mas que el pensamiento se dirigió hacia una cabina telefónica color rojo.
Ella supo en ese momento que regresar a casa ya no era una opción, una terrible angustia se apoderó de todo su cuerpo, las gotas no cesaban, su celular empezó a sonar, era hora ya.
-...aló...-
-...-
-...hola, siempre supe que regresarías...-
martes 16 de octubre de 2007
noche, desvariando.
jueves 11 de octubre de 2007
la existencia del ser
us and them, and after all we're only ordinary men..
-pink floyd
*Nota del autor: la segunda dimensión del ser humano, podría ser el resultado de la suma de la conciencia de todos los hombres, algo similar a un mar uniforme y vasto, donde la noción del tiempo y el espacio desaparecen por un instante, permitendo al hombre reinventarse en infinitas posibilidades, sin apegarse a esquemas predeterminados.